Estoy cambiante como el sol, día tras día, hora tras hora, cigarrillo tras cigarrillo. Despierta en mi, dormida en ti, todo lo que hablamos se convierte en ruido, se hace agua de mis ojos y penas de mil almas.
No siento dolor, no sangro, no duermo, no respiro.
Las fotos en el cajón, y el cuenta gotas en la mano, esperando por ti, desesperando por mi.
Mis tardes no son tan largas como mis pensamientos, mis noches casi eternas como para dormir, por siempre jamás en tus brazos.
Lo siento... no siento la desdicha de la victima, se que debería, porque por dentro me rompo como las promesas, y me desarmo en llanto cual niño tras caída. Mientras tanto en mi In Eternum viaje al subsuelo del inconsciente, lugar de las mil caídas que ya tuve, pero tan distintas una de otras... Amargas, grises, lúgubres y mas amargas.
Vuelvo a rondar por ahí, sin rumbo, desorientado, y no es culpa de nadie, a estas alturas ya nadie sostiene el timón de esta nave, que sin brújula ni norte se marea y se pierde en el nublado porvenir de pantalones largos y camisas planchadas.
No siento que sea ni muy temprano ni muy tarde, no creo que sea solo cuestión de tiempo, no siento tu sonrisa, no veo mas allá de la mía que hace tanto no veo.
No siento el amor de verano ni la melancolía del otoño, no siento el deber de llamarte, pero la necesidad de ir a buscarte me golpea la puerta. ¿Quien me ha robado el mes de Abril?, ya no siento la espuma del Corso y ni las mas mínimas ganas de sentir.
Lo siento... no siento.

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