Desahuciado, respiro el recuerdo, brisas lejanas de aquel amanecer remunerado.
Sostengo e inspiro el dudoso desapego del descolorido aroma de sus pieles.
Busco y no encuentro, solo pasillos, puertas que por demás angostas suprimen y oprimen en la levedad del ser, ese ser, algo mas allá de sus labios.
Intento, juro por vos que lo intento, y aún así, miento.
Nunca antes vista la libertad como condena, que antes premio y hoy consuelo.
Levanto la mirada, te veo allí, alejándote de todo lo que alguna vez dijimos que nos hizo tan feliz.
Caos y tornados, relámpagos en el cielo y en la tierra, en el pecho la espina, todavía lastima.
Sostengo e inspiro el dudoso desapego del descolorido aroma de sus pieles.
Busco y no encuentro, solo pasillos, puertas que por demás angostas suprimen y oprimen en la levedad del ser, ese ser, algo mas allá de sus labios.
Intento, juro por vos que lo intento, y aún así, miento.
Nunca antes vista la libertad como condena, que antes premio y hoy consuelo.
Levanto la mirada, te veo allí, alejándote de todo lo que alguna vez dijimos que nos hizo tan feliz.
Caos y tornados, relámpagos en el cielo y en la tierra, en el pecho la espina, todavía lastima.
No hay luz en el bosque, no hay bosque, no existe el ruido. Somos silencios mutantes, militantes de algún cuento, viento que sopló para ser aire de tus ojos, en los que me perdí aquel día, como casi todos los demás días, casi como jugar a las escondidas, escondidos como por arte y no de magia. 24/7/18
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