Otra mirada hacia adentro.
Recuerdo el instante en el que creí haber abierto algo mas que mis propios ojos.
Nunca una neblina más conveniente que la de aquella mañana, respirando el frío deseo de volver para ser distinto.
Ya extraño mi casa ajenamente propia, y eso que todavía no muero, si es que aún respiro otra sensación que no sea miedo. Ya te extraño y nunca deje de hacerlo.
Abro la puerta, entran los fantasmas, cierro los dientes empuño mi alma... otra noche que pasa, otra luna que se apaga, de nuevo frío.
Doy vueltas por los pasillos de la vergüenza, de un extremo a otro, sin moverme del lugar, sin espacio. Lentamente se vacían mis ojos, se desangran mis melodías, se desarman en llanto mis alegrías.
Como quién llora pero no mama, ofuscado por el sin fin de gotas que golpean y humedecen mi persiana, salir a ver y no encontrar ninguna serenata.
Esperando hasta cansar y cansado de esperar amanezco noche tras noche producto de este insomnio, y la niebla que no cesa, la lluvia que no calma mas mi alma en pena vela y se desvela en un diurno in eternum. Nocturno lamento de las voces que no callan ni se asfixian ni se marchan, solo marchitan este intento de vida que ni el campo ni la espina podrían reinventarme otro tipo de esperanza, mas que la del que espera sin hacer nada y desespera por el todo.
Poderoso el que sepa que el tiempo no para.
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