miércoles, 2 de diciembre de 2015

Dulce velada Lunar

Las cosas desconocidas, nunca fueron tan familiares como hoy, donde mire veo ausencia de color, no hay tiempo para mi, que solo me he quedado, ni mi sombra sigue mis pasos.
Todo lo conocido se derrite ante tu ser, ¿Será el calor de tu alma? ¿Será que te amo y no me da
miedo sentirlo? Pero decirlo se torna monótono y cansador, y patéticas son mis ganas de volver a verte...
Escribo esto mientras de la ventana se desprende un retazo de luna, magnifica, pintada y esculpida por los mismos dioses que hoy me juegan una muy mala pasada.
Recuerdo y mantengo latente las pulsaciones de tu corazón, en mi pecho, siento tus caricias cercanas y besos presentes, que alguna vez me diste, y que mataría por volver a sentir.
Solo nos separan palabras, y esa distancia es abismal, tan cerca pero tan lejos, de ti, de mi, de todo lo que nos rodea.
Una montaña rusa de sentimientos se aloja en mi cuarto, la noche testigo de tu visita, posa y observa desde la altura fría de una primavera gris. Las velas se consumen y las oscuridad nos sopla la nuca, nos roza los talones, pero nos encontramos anonadados, nulos ante la posibilidad de encontrarnos besándonos sin prisa ni reproches, sin expectativas, justo en el medio entre el todo y la nada, me perdí.
Las cosas desconocidas nunca fueron tan familiares como ayer, no hay descanso para esta mente limada por el paso de las horas, hojas repletas de mala caligrafía y dudosas retoricas amenazan mi inconsciente, torturándolo, despertando mi insomnio en esta cansada velada de luna llena y galaxias políticamente distantes.
Una imponente brisa rompe con las velas moribundas y solo queda el reflejo lunar que se muestra vivo en tus ojos, que a la vez reflejan los míos, que a su vez se reflejan mutuamente.
Mi mano trepa disimuladamente por tus rodillas, formando un vinculo, una conexión, una interminable competencia que deriva a abrazos reconfortantes y aliviadores del alba.
Entre sabanas y naturaleza, la mañana lanza llamas retorna a su trono de laureles blancos manchados de un suave naranja dulce.
Tu presencia me lleva a la altura, la imponente altura escasa de oxigeno, es poco el aire, es poco el aliento, pero lo invierto en tus labios, en tu cuello, alrededor de todo tu cuerpo.
 Sin peros, sin excusas, sin respaldo moral ni ético.
Los colores son confusos, entre las cosquillas y el temblequeo constante de mis asustadizos miedos, no distingo bueno de malo, ni la existencia concreta de ellos, solo paz.
Tu risa, tu pelo, tu brillar, tus ojos, tus metas, tus temores, tus ganas de salir, tus ganas de llegar, son las cosas que guardo en mi colmena de cristal, bien adentro en mis entrañas, en mi pecho, y es todo lo que soy, una breve extensión de tu sonrisa.

"Dulce velada Lunar"



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